La célebre obsesión por el cliente de la que suele presumir Amazon pierde todo su lustre cuando el servicio postventa choca con la arbitrariedad burocrática.
Bajo la gestión de Ruth Díaz como máxima responsable del negocio minorista de la plataforma en España, la compañía afronta serias críticas por quebrantar sus propias políticas de devolución y bloquear reembolsos legítimos a los usuarios.
Las malas prácticas puestas al descubierto por Consumidor Global reflejan fallos graves en la aplicación de la supuesta Garantía de la A a la Z.
Cierres repentinos de cuentas sin justificación transparente, paquetes devueltos y recepcionados en almacén que no se traducen en el abono correspondiente, o reembolsos aprobados que desaparecen del saldo al día siguiente retratan una preocupante desatención al consumidor.
Resulta inaceptable el recurso a excusas peregrinas —como alegar sin prueba alguna que el paquete devuelto contenía un objeto distinto— para justificar la retención del dinero. Esta clase de respuestas coloca al comprador en una clara situación de indefensión ante una corporación que se niega a verificar sus propias incidencias de trazabilidad.
Díaz debe velar para que se corrijan de inmediato estas dinámicas y garantizar que la operativa en España respete escrupulosamente los derechos del consumidor. Convertir los trámites de reembolso en una carrera de obstáculos daña de forma directa la reputación de la firma y liquida la confianza depositada por sus clientes.
