La estabilidad es uno de los bienes más preciados por el mundo de la inversión. Muy al contrario, los giros bruscos e inmediatos, los cambios de opinión, las decisiones que se transforman contra todo pronóstico no emiten las mejores sensaciones a la hora de apostar por una compañía.
Y menos, por una que ha crecido tanto en tan poco tiempo como Delivery Hero, la matriz de Glovo, nacida en Cataluña. Hasta el punto de que el gigante de la movilidad urbana y el reparto a domicilio Uber está dispuesto a pagar cerca de 13.000 millones de euros por ella. En este escenario, bandazos como los protagonizados por Niklas Östberg, uno de los fundadores y actual consejero delegado, no son precisamente lo más recomendable.
No se puede negar el aspecto positivo que supone que alguien que tan bien conoce la compañía, probablemente nadie mejor, haya optado por dar marcha atrás a la decisión de salir de la plataforma que anunció el pasado mayo. Y más, en un momento tan crítico, con la venta de los negocios en marcha.
Pero, por otro lado, el cambio de tornas envía al mercado una señal de inestabilidad, una cierta sensación de improvisación según el momento vital. Y no deja de ser una evidencia de que el ejecutivo erró al decidir su marcha de la compañía en un contexto en el que toda aportación de experiencia y conocimiento se queda corta.
