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Los socialistas catalanes han recibido una inyección extra de moral que se suma a la que ya traían de casa. La respuesta multitudinaria de la militancia y el ambiente de entusiasmo entre las bases en la Festa de la Rosa celebrada este domingo, 20 de septiembre, confirman que el proyecto socialista atraviesa su momento de mayor solidez institucional de la mano del primer secretario del PSC, Salvador Illa.

La escenografía, reforzada por la participación del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha servido para certificar la total sintonía entre la Moncloa y el Palau de la Generalitat. Ese respaldo mutuo no solo apuntala la proyección del Ejecutivo autonómico, sino que proyecta una imagen de estabilidad y capacidad de interlocución directa de la que adolecía la política catalana en etapas anteriores.

Frente a una oposición fragmentada que busca acomodo tras los últimos vuelcos electorales, Illa ha sabido articular un mensaje centrado en la gestión pública, la estabilidad institucional y la prestación de servicios. Su intervención ha trascendido el mitin partidista para fijar el rumbo del Govern --con menciones a los consellers de Salud, Educación y Derechos Sociales-- y reivindicar el papel del PSC como eje articulador de la centralidad en Cataluña.

El president de la Generalitat deberá imprimir una marcha más en los próximos meses para combatir la irrupción de la extrema derecha --en particular, de Aliança Catalana-- en las elecciones municipales del próximo mes de mayo, y recuperar municipios aún en las garras de los partidos que participaron en el procés independentista.

Sea como fuere, los socialistas están de dulce después de haber logrado la aprobación de los presupuestos más ambiciosos de la historia de la Generalitat y están convencidos de poder ayudar a que el Ejecutivo progresista de Sánchez no salga mal parado en los comicios generales, pese a la presión in crescendo del Partido Popular y de Vox.