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Ramon Canal, comisionado del nuevo Clínic ha trabajado durante años con un perfil discreto, casi invisible, mientras alrededor del proyecto se sucedían las dudas, las resistencias políticas y los obstáculos urbanísticos.

Desde su despacho, asumió una misión que iba mucho más allá de la gestión sanitaria: encontrar un lugar, un encaje institucional y una fórmula viable para levantar el Clínic del siglo XXI.

El mérito consiste en haber entendido que una infraestructura de esta magnitud necesitaba algo más que ladrillos y presupuesto. Necesitaba consenso sanitario, solvencia arquitectónica, blindaje jurídico y complicidad institucional.

La alianza con Ramon Sanabria y la arquitectura de SPG, junto con el papel del Consorci Porta Diagonal-Campus Clínic y de su director general, Juan Echániz, dibuja precisamente ese modelo de gobernanza compartida.

Canal ha sabido, además, navegar entre sensibilidades políticas muy distintas. Su pasado en la gestión sanitaria y su conocimiento del CatSalut le permiten conocer desde dentro las dificultades de convertir una gran idea en una infraestructura ejecutable.

El nuevo campus ya no es una quimera. Tiene emplazamiento, planeamiento, calendario y una dimensión metropolitana que trasciende al propio hospital.

Cerca de 70 hectáreas, 1.125 viviendas, actividad económica vinculada a la salud, investigación, formación universitaria y una nueva estación de la L3 configuran algo mucho mayor que un hospital: un nuevo polo urbano y científico.

En un país donde abundan los proyectos eternamente pendientes, no es un mérito menor.