El protagonista de ‘Cronos’, película que recrea los atentados yihadistas del 17-A en Barcelona y Cambrils y la persecución policial de sus autores, ha aprovechado la promoción del filme para poner el foco en la “radicalización” de los terroristas y en el supuesto fracaso colectivo de la integración.
Enric Auquer, obviamente, atribuye la responsabilidad de los atentados a sus autores: el grupo de jóvenes de Ripoll "radicalizados por un imán hijo de puta". Pero, al mismo tiempo, se pregunta “qué hemos hecho mal” como sociedad para que llegaran a cometer actos tan atroces.
También equipara el señalamiento a la comunidad islámica tras los atentados con fenómenos políticos actuales como Vox o Sílvia Orriols, y advierte de que los discursos de odio acabarán generando “más violencia” y “más muerte”.
Una reflexión legítima sobre las consecuencias sociales del 17-A, pero fuera de lugar cuando se formula alrededor de una tragedia en la que 16 personas fueron asesinadas por una célula yihadista.
Explicar las causas de la radicalización es necesario; convertir ese análisis en, también, una suerte de responsabilidad colectiva de la sociedad que sufrió los atentados es peligroso.
Los ataques terroristas hay que identificarlos por su nombre. Quien radicalizó a esos jóvenes fue el yihadismo. Un yihadismo más joven que nunca. Y nunca justificado. Repartir culpas e instrumentalizar una trama tan sensible no ayuda a combatir el terrorismo.
