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Crear una flagship de lujo a la altura de las de Osaka, Nueva York o Milán en pleno paseo de Gràcia de Barcelona no es cualquier cosa.

El ambicioso macroproyecto de Louis Vuitton en la modernista Casa Julià —que incluye restaurante con estrella Michelin y zona VIP para 2028— se había topado con dos duros escollos: la normativa del Eixample y la resistencia de los últimos vecinos del inmueble a vender sus pisos.

Sin embargo, la marca ha logrado desatascar el conflicto tirando de chequera: ha llegado a un acuerdo con los vecinos que estaban frenando el proyecto.

Un recordatorio de que ni las firmas más exclusivas del mundo están exentas del cumplimiento de las reglas urbanísticas de Barcelona. Pero también, claro está, de que el dinero sigue siendo capaz de allanar casi cualquier obstáculo.