La decisión de Ustec de mantener la huelga educativa en Cataluña en el primer día de clase evidencia la falta de sensibilidad de este sindicato hacia los estudiantes y las familias.
No satisfecho con el acuerdo alcanzado por otros sindicatos con la Generalitat a finales del pasado curso, Ustec insiste en mantener su pulso en el que empieza este 8 de septiembre.
Su estrategia de confrontación supone una actitud perjudicial para todos. Tanto para los alumnos y sus familias, con la consiguiente pérdida de horas lectivas de aprendizaje, como para los profesores en huelga, cuyos salarios se ven mermados cada jornada que no trabajan.
Resulta incomprensible que Ustec rechace los acuerdos ya suscritos por la mayoría de sindicatos y, a la vez, reconozca la improvisación de una convocatoria que no ha tenido tiempo de preparar ni difundir en los centros.
Exigir mejoras es legítimo, pero imponer el maximalismo a costa del normal desarrollo escolar roza la irresponsabilidad.
El sindicalismo intransigente de Ustec le hace un flaco favor a la ya de por sí muy maltrecha enseñanza pública catalana.
