Carlo Matta, CEO de Nido Livensa Group
La apertura de la cuarta residencia de Livensa Living en el Paral·lel barcelonés ratifica el incontestable olfato comercial de su CEO, Gonzalo Carpintero.
La firma ha sabido conectar con la creciente demanda de alojamiento universitario de alta gama en la capital catalana, ofreciendo instalaciones de primer nivel que incluyen desde gimnasio y piscina hasta salas de cine. Sin embargo, tras el innegable éxito operativo de la compañía se esconde una realidad mercantil que raya la insensibilidad con la juventud local.
El primer motivo de reproche estriba en la política de precios y transparencia. Anunciar habitaciones en su plataforma web "desde 568 euros", para luego imponer contratos reales que rozan los 1.260 euros mensuales por un estudio de apenas 14 metros cuadrados, desdibuja el mensaje inicial.
Si a este desembolso se le añaden tarifas no reembolsables de reserva, abultadas fianzas y costes extra por la limpieza, la renta por metro cuadrado termina duplicando la media del mercado barcelonés.
Carpintero ha diseñado una propuesta altamente rentable y atractiva para el bolsillo del estudiante internacional, pero completamente inalcanzable para el universitario autóctono. Con un salario medio entre los menores de 25 años en Cataluña que apenas supera los 15.000 euros anuales, el modelo de Livensa expulsa a los jóvenes locales de la posibilidad de acceder a un alojamiento cercano a sus aulas.
A esto se suma el hábil aprovechamiento de las grietas normativas: al operar bajo la cobertura de servicios de hospedería, la firma esquiva los topes de precio fijados para el alquiler privado.
Nada que reprochar a la búsqueda de rentabilidad dentro del marco legal, pero el liderazgo empresarial también requiere sensibilidad con el entorno. Gonzalo Carpintero ha construido un negocio eficiente y exclusivo; lástima que su éxito se consolide haciendo inaccesible la vivienda para los jóvenes de casa.