Óscar de Vicente, 'country manager' de Salins en España
Salins tiene todo el derecho del mundo a operar como le plazca. Puede diseñar sus estrategias empresariales e implementarlas a su mayor conveniencia. Eso sí, el resto del tejido económico, como también la sociedad y los medios informativos, tienen el derecho de valorar estas decisiones.
Y la retirada de Cataluña de Sal Costa es una pésima noticia. Salins ha decidido desmantelar su fábrica-sede en el Puerto de Barcelona, que estaba abierta desde 1998. Por lo pronto, se llevará la actividad, o la mayor parte de ella, a otra comunidad autónoma.
Está por ver si la multinacional francesa se lleva también la sede social a otra región, como han hecho otras tantas firmas desde la fase más virulenta del procés independentista. Por lo pronto, ha despedido a cerca de 40 personas y ha casi borrado Cataluña de los planes inmediatos de inversión.
Se trata de una aciaga noticia para el tejido industrial autonómico, se presente como se presente. Un mal precedente de compromiso de Salins con la riqueza y el empleo en Cataluña, y que recae sobre el despacho de Óscar de Vicente, country manager.