Presume de apellido ilustre y de gestionar un fondo de inversión en Dubái que —según afirma— factura más de 600 millones de euros. Pero allá por donde pasa, Ian Cerruti —de nombre completo, Gianmaria Borra Cerruti— deja un reguero de impagos, proyectos sepultados y promesas incumplidas.
El último episodio ha sido el sonado colapso del Reggaeton Beach Festival, que ha dejado a clientes y empleados en el limbo apenas cuatro meses después de que él asumiera las riendas.
A la espantada del festival se le suman ahora los testimonios de antiguas colaboradoras a las que, presuntamente, dejó a deber miles de euros, o de startups que sufrieron sus erráticos compromisos financieros.
Frente a las evidencias, la respuesta del nieto de Nino Cerruti para esquivar responsabilidades ha sido cuestionar la "calidad" de las preguntas de este medio.
