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El Brunch Festival ha dado el do de pecho este año. Presentación del cartel con el chef Jordi Roca, line-up de disyóqueis imbatible y una operativa cuidada que pocos festivales de música pueden emular. Este producto 100% barcelonés ha tratado de igualar el éxito del año pasado.

Pero no todo en los negocios depende de uno mismo. El Brunch, que depende del fondo de inversión Superstruct, ha visto cómo su propietario le desairaba, ignoraba su consolidación en la Ciudad Condal, y le colocaba otro festival, de mayor tamaño, casi solapado, de cara a verano de 2027.

De este modo, el Monegros Desert Festival y el Brunch, productos muy similares, se celebrarán el próximo año con apenas seis días de diferencia a 90 kilómetros el uno del otro. Una auténtica invitación a competir, con la mayor de las citas aprovechándose de sus recursos más abundantes.

El cambio de fechas supone un auténtico desaire a la capital catalana por parte del fondo de capital riesgo dueño de ambas propuestas. Y un golpe al Brunch, quien, además, no se libra de su estigma de cita insegura.

A François Jozic, CEO de Centris Events, productora que organiza el Brunch, se le acumula el trabajo. Debe combatir a los rateros que desvalijan a su público, pero también los movimientos telúricos que protagoniza su fondo de inversión y que no dependen de él. Una posición complicada para el directivo.