Una noticia positiva y una negativa para la sanidad en Cataluña. El Colegio de Médicos de Barcelona (Comb) se ha anotado menos reclamaciones judiciales de pacientes en los últimos años. Las denuncias a facultativos en la autonomía se han estabilizado a la baja.
La noticia adversa para el colectivo de sanitarios es que las quejas deontológicas por mal trato del profesional han aumentado. Y lo han hecho en una proporción preocupante. Los escritos de malestar paciente interpuestos ante el Comb repuntaron un 14% año a año en 2015. Y se han doblado desde 2015.
Son cifras que apuntan a que existe un problema de fondo en el sistema asistencial. Algunos expertos apuntan a las elevadas listas de espera sanitarias en Cataluña. Pero el Colegio tiene su propia interpretación. Achaca este avance a, entre otros, el uso de la lengua castellana en las consultas cuando el paciente es catalanohablante.
Un ángulo difícil de creer. Se asemeja más a una profecía autocumplida del propio Comb, una institución inclinada históricamente hacia el independentismo catalán, que a una lectura real de los hechos.
La sanidad catalana tiene muchos problemas y retos. El uso de la lengua catalana no es uno de ellos, o no lo es de forma prioritaria. Disfrazar la realidad para promover una agenda propia que reimpulse el soberanismo se antoja lesivo para los 43.000 médicos colegiados en Cataluña y la ciudadanía en general.
El equipo de Elvira Bisbe debería abordar lo acuciante. La batalla lingüística no lo es.
