Convertir una crisis humanitaria en un chantaje político es un recurso tan viejo como censurable, y Míriam Nogueras lo ha vuelto a ejecutar con frialdad. Aprovechando la grave presión migratoria en Ceuta y Melilla, la portavoz de Junts ha corrido a desempolvar la exigencia de delegar las competencias de inmigración a Cataluña, como si la solución a las fronteras del sur pasara por satisfacer la agenda independentista.
Nogueras pretende agitar el miedo al auge de la extrema derecha y acusar al resto de formaciones de preferir el «caos», en un ejercicio de cinismo evidente. Olvida la dirigente que el Congreso ya rechazó este traspaso el pasado septiembre y que la gestión de las fronteras exige rigor institucional y cohesión, no mercadeo parlamentario de urgencia.
Instrumentalizar la angustia de las ciudades autónomas para rascar cuotas de poder no demuestra sentido de país, sino un puro oportunismo. La política migratoria requiere responsabilidad y altura de miras, no ser utilizada como una permanente moneda de cambio para mantener la presión sobre el Gobierno.
