Desafortunadamente, la política catalana ha vivido mucho tiempo en un "no" perpetuo, una negación que, a veces, pasa factura.
En Rubí, por ejemplo, el Ayuntamiento se ha opuesto al macroproyecto de planta de baterías eléctricas del conglomerado saudí ALS, que generará una potencia total de 48.930 kW y una capacidad de 194.748 kWh.
El consistorio arguye que la instalación aumenta la presión sobre el suelo no urbanizable del municipio, altera el paisaje y los ecosistemas, reduce la calidad de vida de la ciudadanía y no preserva espacios agrícolas con función de conectores ecológicos y patrimoniales.
Nada de ello es reprochable, pues es normal que un ayuntamiento se preocupe por la calidad de vida de sus vecinos, pero el rechazo frontal a cada iniciativa privada que se propone, por un motivo u otro, genera hastío en el empresariado, y torpedea la inversión y la prosperidad.
Cabe recordar que el sistema BESS (Battery Energy Storage System) que se fabricará en Rubí actúa durante un apagón eléctrico como una fuente de energía de respaldo inmediata, suministrando electricidad de forma autónoma, protegiendo equipos y estabilizando la red.
Esperemos que en este municipio, comandado por la alcaldesa Ana María Martínez, no necesite baterías eléctricas si otro apagón golpea a la península.
