Hermanísimo inhabilitadísimo
Aunque la derechona habría preferido que acabase en la cárcel, se tendrá que conformar con los nueve años de inhabilitación para cargo público que le han caído al hermano del presidente del gobierno, David Sánchez (Madrid, 1974), músico profesional (y vago no menos profesional), a causa del trabajo que le cayó hace unos años en la administración extremeña y al que da la impresión de que nunca acudió.
Como era de prever, el progresismo (o lo que ahora se entiende por tal en España) se ha puesto como las cabras del monte ante el veredicto del juicio, que no ha dudado en calificar de Lawfare, que es todo aquello que hacen los jueces que no es del agrado del PSOE, como todo el mundo sabe. A los que no estamos con la derechona ni con el progresismo miérder que se estila últimamente en nuestro desdichado país, la sentencia nos parece bastante razonable, aunque no sepamos muy bien en qué puede afectar la inhabilitación laboral a alguien que nunca ha mostrado el menor deseo de trabajar.
Recuerdo las imágenes del juicio por televisión y aquello daba una pena y una risa tremendas. Al señor Sánchez le preguntaban en qué consistía su trabajo para el gobierno extremeño y no sabía qué responder. Finalmente, acertó a decir que trabajaba como coordinador, pero cuando el juez le preguntó en qué consistía su labor, repuso: "Coordinar". No contento con esta respuesta digna de Gaby, Fofó y Miliki, cuando le preguntaron la dirección de su oficina, reconoció que la ignoraba, dado que nunca había puesto los pies en ella.
Estaba clarísimo, en fin, que su colocación era fruto de un enchufe progresista, aunque en esa época su hermano estuviese medio expulsado del partido y no pudiese interceder por nadie necesitado de sustento (argumento al que se agarran los sanchistas para recurrir al lawfare de marras, junto a un brillantísimo currículo internacional que nadie se ha molestado en comprobar). Yo no sé a qué abogado recurrió este pobre desgraciado, pero si no pudo conseguir que se aprendiera la dirección de su trabajo y sus presuntas funciones, yo diría que no debía ser muy bueno.
Al igual que con Begoña Gómez, a Pedro Sánchez le acaban de dar un sopapo en la cara (de pasmado) de su hermano. No hay manera, de momento, de cruzarle la cara al presidente del gobierno: puede que se le supongan muchas corrupciones y hasta su identidad como jefe de la banda progresista, pero aún no se ha podido demostrar nada. Hasta que no larguen Leyre, Cerdán o Ábalos no habrá nada que hacer. Así pues, que se vayan preparando sus primos o su tía de Cuenca, que con algo se tiene que entretener la magistratura mientras nuestra socialdemocracia se va al carajo un poco más cada día.
