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Ustec, tras consultarlo con sus afiliados, ha decidido arrancar el próximo curso escolar con una convocatoria de huelga el próximo 8 de septiembre, coincidiendo estrictamente con el primer día del calendario lectivo.

La estrategia de reactivar el conflicto laboral y prometer un "otoño caliente" a costa de empañar el regreso a las aulas de miles de alumnos resulta una medida tan desproporcionada como desconectada de las bases.

Cabe recordar que el sindicato ya fracasó en sus últimas movilizaciones de junio, cuando los docentes decidieron mayoritariamente dar la espalda a los paros para cerrar el curso con normalidad. Insistir en la vía de la confrontación sistemática solo desgasta la imagen del propio colectivo ante unas familias que vuelven a ser tomadas como rehenes.

Además, el enrocamiento de Segura choca frontalmente con el giro de gestión que ha emprendido el Departament d’Educació.

Mientras la consellera Esther Niubó sortea el bloqueo de la mesa sectorial mediante una contraofensiva de escucha activa —reuniéndose directamente con más de cien direcciones escolares para abordar urgencias reales como la reducción de la burocracia, las sustituciones o las infraestructuras—, Ustec prefiere el ruido de las pancartas antes de que empiece a rodar el curso. Mal camino para recuperar la sintonía con las necesidades reales de las escuelas.