Pese a que todos los titulares del nuevo barómetro del CEO se los ha llevado Sílvia Orriols, uno de los protagonistas del sondeo de la Generalitat es Carles Puigdemont, líder de un partido que perdería más de la mitad de su representación en apenas dos años.
Junts sería ya la cuarta fuerza —por detrás de Aliança Catalana, que consolida su sorpasso, y también de ERC, que sigue recuperándose del batacazo electoral de 2024—, y bajando. Y Puigdemont como líder también colecciona resultados negativos.
El partido, como es habitual en la formación posconvergente, ninguneará al CEO. Dirán que la encuesta que importa es la de las urnas, y es verdad. Pero la tendencia que marca es inequívoca: su propuesta pierde apoyos cada día, y sus votantes se marchan a otras formaciones, sobre todo hacia la ultraderecha.
El expresident, pendiente de la sentencia del TJUE de la semana que viene que decidirá si puede regresar o no a España, debe pensarse muy seriamente si su deriva actual es la correcta. Muchos en su partido ya saben que no tiene mucho recorrido.
