La reciente controversia en torno a Hunger Brands y el uso de la infraestructura de IESE Business School para captar capital privado pone sobre la mesa el debate sobre los límites del conflicto de intereses y su falta de control.
La prestigiosa escuela de negocios niega cualquier vínculo con dicha empresa, que fue promocionada por uno de sus profesores en busca de inversión. Y añade que no dio consentimiento al uso de su marca.
Fuentes institucionales de IESE han reconocido a Crónica Global que no ven con malos ojos que sus docentes hablen de sus empresas. Y, por ello, permitieron al profesor en cuestión publicar un paper en su plataforma, así como impartir clases magistrales sobre sus estrategias comerciales. Hasta ahí, nada reprochable.
El problema es que, en el caso de Hunger Brands, se fue más allá de eso, al utilizar el docente de forma indebida las instalaciones y herramientas de la escuela, que permite a los docentes captar fondos para sus proyectos privados.
La falta de un deslinde oficial claro y explícito en el aula ha generado confusión y un problema en este caso. Además, si la empresa se desploma, el IESE no se hace responsable.
Sea como fuere, el aval tácito del IESE a estos negocios vulnera su propio compliance.
La escuela, por su parte, defiende que sus profesores desarrollen actividades profesionales externas, al ser algo habitual en el sector. Y enfatiza que éstas deben mantenerse siempre totalmente separadas de la actividad institucional, y cumplir todas las normas internas sobre conflictos de interés.
Asimismo, aclara que la publicación de un paper o de material docente tiene fines educativos, por lo que nunca constituye un aval, recomendación o respaldo comercial para la captación de fondos.
