Victor Willis, el policía y líder de Village People

Victor Willis, el policía y líder de Village People DANIEL DESLOVER / ZUMA PRESS / EUROPA PRESS / FOTOMONTAJE CG

Examen a los protagonistas

Victor Willis

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El alma de la fiesta

No sé si Donald Trump es consciente de que The Village People, grupo de sus amores cuya canción YMCA suena profusamente en sus mítines, fue la fantasía gay de un francés llamado Jacques Morali (1947–1991, víctima del sida), que se inventó el grupo en los inicios de su estancia en Nueva York, fascinado por la música disco.

El primer fichaje del producto (pues eso era: un producto comercial con agenda homosexual) fue Victor Willis, que nos ha dejado esta semana (Dallas, Texas, 1951–2026) y que, curiosamente, era el único heterosexual del grupo.

Como ustedes recordarán, cada cantante o corista de The Village People iba disfrazado de algo de lo más (presuntamente) viril: obrero de la construcción, indio con plumas (literales), chulazo de cuero y bigotón…

Al señor Willis le tocó hacer de policía, lo cual le obligó a ir de bolo en bolo cargando con un casco que pesaba lo suyo. Pero eso daba igual si el éxito se materializaba. ¡Y vaya si se materializó! The Village People facturaba un hit tras otro (todos escritos por Morali, a menudo con la colaboración de Willis): YMCA, Macho man, You can´t stop the music, In the navyTodos ellos, cargaditos de ritmo y con letras ricas en segundas intenciones. En algunos casos, tan evidentes que la YMCA original se rebotó notablemente cuando vio convertidos sus hostales para jóvenes cristianos en lugares ideales para el cruising (no llegó la sangre al río).

Victor Willis iba en otra dirección cuando se cruzó con el francés judío marroquí nacido en Casablanca que lo puso a dirigir un grupo de alegres muchachos bigotudos. Concretamente, por el camino de Broadway, donde había actuado esporádicamente y donde pretendía triunfar como creador de comedias musicales.

Con el tiempo, se convirtió en el único miembro eterno de la banda, ya que los demás iban siendo sustituidos sin que nadie que no supiese distinguir un bigote de otro pudiera darse cuenta. En el ínterin, la historia habitual: fracasos sentimentales, empezando por el divorcio de su mujer, problemas con las drogas y todo tipo de desgracias típicas de los ricos y famosos. De hecho, nos habíamos olvidado de él cuando se produjo su fallecimiento.

Sería inútil ponerse a hablar aquí del interés musical de The Village People. Donald Trump y yo creemos que tuvieron su gracia, aunque yo, a diferencia del señor presidente, nunca me los pude acabar de tomar en serio. Siempre me sorprendió que esa fantasía homosexual se colara en el mainstream con tanta desfachatez, pero ya había ocurrido antes, como sabrá cualquiera que se acuerde del inefable Liberace.

Epítome de la música (o lo que fuera) disco, los Village People estaban condenados a morir con ella o a ser suplantados por propuestas algo más sofisticadas (pero sin pasarse), como las de Donna Summer y Amanda Lear.

Para ellos, fue bueno mientras duró. Y el difunto señor Morali pudo clavar una pica en Flandes con sus himnos gay, que hasta propiciaron una película, You can´t stop the music, dirigida por la señora que hacía de asistenta de Rock Hudson en la serie McMillan and wife, que fue uno de los mayores fracasos comerciales de la época. Había llegado la hora de ir recogiendo los bártulos. Y los bigotes.