Anna Ortí, jefa territorial de Indra en Cataluña
Hace menos de dos meses, la cúpula de Indra se presentó en Barcelona para exponer un ambicioso plan en Cataluña —donde cuenta con ocho centros— que supondrá, entre otras cosas, la generación de unos 1.500 nuevos empleos. Con ser ya de por sí valiosa la aportación al crecimiento y la riqueza, el grupo va un paso más allá y, además, pondrá sobre la mesa todos los medios para que la mayoría del talento que busca para sus proyectos se genere sin salir del territorio.
Concretamente, en los centros de formación profesional, y también en las universidades. En estos escenarios, Indra volcará su labor formativa para tratar de encontrar en ellos los futuros profesionales que han de dar forma a los proyectos que ya están en marcha en sus sedes catalanas. Todos ellos relacionados con áreas con un gran futuro, como son las de ciberseguridad, inteligencia artificial, espacio e ingeniería aplicada a las nuevas tecnologías.
Se trata en la mayoría de los casos de empleos de calidad, altamente cualificados y que contribuirán de manera firme a consolidar Cataluña como uno de los nodos tecnológicos más atractivos de Europa.
En definitiva, un compendio más que completo de todo lo que puede hacer una compañía por el territorio que alberga sus centros productivos y que permite su desarrollo, su prosperidad y la mejora tanto de la cuenta de resultados como de la remuneración a sus accionistas.
Una demostración palpable de que las empresas no tienen como único objetivo la rentabilidad, aunque éste sea capital e ineludible. Entre otras cuestiones, porque hace posible programas y acciones como las de Indra en Cataluña.