Grifols ha resuelto finalmente una situación anómala que tenía en su consejo de administración: el doble empleo de una de sus consejeras, Enriqueta Felip, en la multinacional de hemoderivados, por un lado, y en el Hospital Vall d'Hebron, por el otro.
La firma ha necesitado 12 meses para reaccionar. No ha sido rápida. Lo denunció este medio en primavera de 2025, y han tenido que pasar más de 365 días para que se tome una decisión.
El movimiento ha sido salomónico: la doctora Felip ha dimitido por "motivos profesionales", dando paso a Ester Masllorens. Por otro lado, las funciones de Felip en una de las comisiones las asumirá otro miembro del órgano de gobierno.
Por el camino, Grifols ha logrado dos cosas: tejer la sombra de sospecha sobre la compañía y, también, abollar la reputación del Vall d'Hebron Institut d'Oncologia (VHIO), una encomiable institución que investiga el cáncer en el mayor hospital de Cataluña.
Desde la industria se preguntaban cómo era posible que la empresa fuera proveedora del centro sanitario mientras una de sus consejeras fungía en el complejo médico e investigador.
Finalmente la situación se ha resuelto, pero ha tardado un año. Demasiado tarde para un grupo que presume de ser excelente.
