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Todo parece indicar que el artista musical DJ Kiko- antes conocido como Paquirrín- se ha cogido un rebote del quince con la última campaña publicitaria protagonizada por su ex mujer, Irene Rosales (Castilleja de la Cuesta, Sevilla, 1991), para una prestigiosa marca de kikos (aperitivo salado de sabor mejorable y de la dureza de una piedra con el que más de uno se ha dejado un diente).

La referencia a que en este mundo hay kikos buenos y kikos malos (no muy sutil, pero de una eficacia indudable) y el hecho de que ella, Irene, promociona los buenos porque ya no puede más con los malos (y el que quiera entender, que entienda), no ha sido del agrado del primogénito de Isabel Pantoja, que hasta ha llegado a hablar de querellarse contra la madre de sus hijas.

Antes de conocer a su Kiko malo, el historial laboral de Irene era una página en blanco. Lo único que sabíamos de ella es que era muy atractiva y que, a diferencia de las anteriores parejas del muchacho, que, por la noche se acostaban con él y a la mañana siguiente se iban a posar desnudas, o casi, para el fotógrafo del desaparecido semanario Interviu (que un servidor acompañó hasta su muerte en condición de columnista), se mostraba como una chica discreta que aparentaba estar realmente enamorada del inefable DJ Kiko, por mucho que nos costara creérnoslo, dada la condición de zascandil empoderado que distinguía a éste.

No salir en bolas en Interviu era muy buena señal. Irene conoció a Kiko en 2013, a través de un amigo común (cuando su mítico hit Quítate el top), y al cabo de dos años ya estaba casada con él y había alumbrado a una niña.

Asimismo, se había reciclado (aunque no sabemos desde donde) en influencer. No sé en qué influía, pero espero que no se dedicara a dar consejos para encontrar un buen novio.

Ya convertida en influencer, empezó a salir en algunos programas de televisión mientras se apañaba como podía con la fase más farlopera de su marido, que siempre ha tenido ciertos problemillas con las sustancias ilegales.

Hace tiempo que empezaron a correr rumores de que la pobre ya no aguantaba más las aficiones de DJ Kiko, y la separación se precipitó cuando ella conoció a lo que las revistas del corazón definen como su nueva ilusión, un tal Guillermo, sevillano dedicado a la instalación de césped en mansiones (así fue cómo se conocieron: el hombre vino a colocar el césped en casa de Kiko y le levantó a la parienta).

Irene parece haber pasado de la fase de tristeza conyugal a la de agresión contra los malos kikos, recordando tal vez que, como anunció Shakira, las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan (aunque sea gracias a un aperitivo infecto).

Comparada con anteriores parejas del ex Paquirrín, Irene ha durado más que ellas, pero parece haber llegado un momento en el que ya no ha podido más, y la oferta para ganar dinero denigrando de paso a su exmarido ha debido ser irrechazable.

Supongo que ahora se pondrá en marcha la máquina de ganar dinero para ambos, pues ya sabemos lo que ocurre con estas parejas de celebrities de estar por casa: apariciones televisivas para ponerse verdes mutuamente, posible reconciliación, nueva separación, y así hasta que el cuerpo aguante y la audiencia lo respalde.

Nada, en definitiva, que DJ Kiko no haya hecho ya con su hermana y con su madre.