Pila roja para Irene Montero

Pila roja para Irene Montero

Examen a los protagonistas

Irene Montero

Cállate, que no eres Marylin

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La última performance de Irene Montero en un parlamento europeo medio vacío ha logrado superar el umbral de ridículo al que nos tiene acostumbrados la señora de Iglesias (que también ha tenido lo suyo esta semana, como enseguida se verá).

Su parodia de Marilyn Monroe cuando se puso a cantarle una copla a JFK ha sido algo que cualquier asesor debería haberle desaconsejado. Y es que sí, a Donald Trump se le puede llamar genocida, como hizo Montero en su cancioncita, y hasta cosas peores, pero todo depende de quién lo haga y donde lo haga, y uno tiene la impresión de que el parlamento europeo no está para hacerse el graciosillo, sobre todo cuando la broma ya no tiene mucha gracia.

No me extrañaría que, en el seno de un partido tan rancio como Podemos (una gente que hacía sonar en sus primeros mítines canciones de Paco Ibáñez y Lluís Llach), la idea de cantarle una tonada a Trump con guiño a Marilyn Monroe pueda haber pasado como una genialidad, pero a los demás nos da un poco de vergüencilla ajena. Los voy a dejar pasmados y flatfooted, debió pensar nuestra Irene, y así fue, pero por culpa de la vergüenza ajena.

Y, mientras tanto, en Madrid, a su señor marido se le sublevaba el personal de la Taberna Garibaldi por dos asuntos, el exceso de horas de trabajo (hasta doce o catorce, según el sindicato que ha denunciado los hechos) y la escasez de los sueldos, dos cosas que suelen ir unidas.

Según la acusación, el señor Iglesias (autor de la frase inmortal “La taberna es el último reducto del proletariado”) se estaría portando como el proverbial burgués explotador que, a diferencia de Rodríguez Zapatero, el socialista ejemplar que da mucho y recibe poco, se dedica a acogotar al trabajador mientras recauda para él todo lo que puede.

Ya sabíamos que en Podemos regía la máxima “Haz lo que digo, no lo que hago”, pero verlo reflejado de manera tan evidente -después de las semanas de turismo sicofante en una Cuba a oscuras donde solo funcionaba la luz en el hotel del tío Pablo- resulta especialmente sangrante (por mucho que no esperases nada del demagogo en cuestión).

Enhorabuena, pues, a los señores Iglesias por haberse cubierto de gloria al alimón la misma semana. La una homenajeando a la pobre Marilyn y el otro a los capitalistas de los cuadros de Grosz. Todo ello mientras, en Valencia, el incombustible Gabriel Rufián intentaba comérseles la merienda. Irene, apaga y vámonos.