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Lejos de condenar el intento de boicot que un grupúsculo de independentistas trató de perpetrar en el acto de bendición de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia durante la visita del papa León XIV a Barcelona, partidos y entidades ultranacionalistas no sólo insisten en defenderlo, sino que, además, critican la impecable y exitosa labor de la Policía y los Mossos d'Esquadra al desactivarlo.

Así lo ha hecho en las últimas horas Acció Cassandra, un colectivo de abogados afín al secesionismo que ha decidido querellarse contra los mandos de fuerzas de seguridad por haber expulsado a los coristas que intentaron reventar el acto exhibiendo banderas esteladas y cantando el himno autonómico, Els Segadors.

En concreto, esta entidad se va a querellar contra los Mossos por su maniobra de "encapsulamiento y retención en la vía pública" de los cantaires para impedir el boicot. Y, en el de la Policía, por su precisa intervención en el templo.

Y es que, para estos juristas, su "maniobra de engaño y coacción" guió a los coristas hacia el exterior del templo, haciéndoles creer que se trataba de un movimiento protocolario.

Según el peculiar modo de ver de Acció Cassandra, estos hechos podrían constituir un delito de detención ilegal cometido por funcionario público, prevaricación, discriminación por motivos nacionales e ideológicos y contra los derechos fundamentales.

En paralelo a la expulsión de los adultos, la querella de esta entidad ultranacionalista también sostiene que se ordenó el "confinamiento forzoso y la privación de deambulación de los dos coros infantiles", que los menores fueron retenidos y que no pudieron salir hasta acabar el evento.

En este caso, la querella considera que estos hechos podrían vulnerar el derecho a la creación artística y la participación cultural, por "mutilar de forma directa el espectáculo programado", el derecho de reunión, de libertad religiosa y de culto y de expresión.

Afortunadamente para la ciudadanía barcelonesa y catalana en general, los saboteadores —un reducido grupo de los coristas, no todos— se quedaron con las ganas de deslucir el evento. Y la intervención policial evitó que Cataluña protagonizara un ridículo internacional. Por más que a los guardianes de las esencias nacionalistas —que tanto dicen defenderla— les moleste.