Marco Sansavini, presidente de Iberia, en un acto público
El Papa León XIV y una parte de la delegación eclesiástica tuvieron ayer un complejo viaje de regreso a Roma a causa de los problemas técnicos del avión de la compañía Iberia que debía trasladarles desde Tenerife.
El Pontífice acabó partiendo de las Canarias con unas tres horas de retraso, y a bordo de otro avión: un Falcon perteneciente al Estado que le ofreció el Rey Felipe VI.
Ello propició de paso que el monarca, que viajó a la isla para asistir a la clausura del viaje papal a España, tuviera que quedarse unas horas más a la espera de otro avión.
Por su parte, el resto de los pasajeros del primer vuelo, principalmente miembros de la delegación vaticana y periodistas, fueron desembarcados del avión de Iberia, y la compañía les acabó organizando otro con salida desde Madrid.
En definitiva, un deficiente servicio por parte de la aerolínea de origen español. Algo que, por fortuna, no suele ser habitual.