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La Sagrada Familia proyectará hoy la imagen de Barcelona al mundo. La basílica —que no es una catedral, sino un Templo Expiatorio— es el máximo exponente de la arquitectura modernista catalana.

Se trata de un referente religioso para miles de personas, y arquitectónico para muchos millones más. Es parte fundamental de la Ciudad Condal: un icono de su skyline.

Hoy, el Papa León XIV bendecirá la Torre de Jesús del monumento, que está recién terminada, puesto que se culminó el pasado 20 de febrero. Es el día grande de la iglesia —la más alta del mundo, con sus 172,5 metros de altura—, que diseminará sus encantos por todos los confines del globo.

Pero tan magno evento podría ir acompañado de un mayor esfuerzo de transparencia y compromiso social. Además de un templo para orar, la Sagrada Familia es un negocio boyante. Y no siempre se nota la apertura de puertas y ventanas necesaria en caso de las fundaciones.

Ni el dar algo a cambio a la ciudadanía que, estoicamente, aguanta las colas interminables de turistas frente a los portalones. No siempre queda patente, y es algo que la cúpula podría mejorar.