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Parece que los franceses, una vez más (aunque la primera lo dejamos suelto, no sé por qué), nos van a devolver al terrorista José Antonio Urrutikoetechea Bengoetxea, en arte Josu Ternera (Miravalles, Vizcaya, 1950), para que le juzguemos por algo por lo que aún no se le haya juzgado (acumula crímenes a cascoporro, así que no será difícil centrarse en uno o dos).

El hombre está al final de su vida de mierda, dedicada en su totalidad a destruir vidas ajenas y a amargar las de los supervivientes.

No ha tenido más oficio que el de héroe de una Euskadi libre (o sea, asesino a sueldo), pero los de Bildu le adjudican el mérito de haber chapado ETA en connivencia con José Luís Rodríguez Zapatero (como si la policía nacional y la guardia civil no hubiesen aplanado el camino).

Josu Ternera dice que tiene cáncer, aunque se le diagnóstico en 2008 y sigue vivo. Su defensa insiste mucho en ese tema porque a algo hay que agarrarse cuando la realidad resulta tan desoladora. Toda una vida en ETA. Y hasta consiguió enchufar a un hijo suyo en la organización, para que se viera que en la familia se respetaba la tradición del buen gudari. Tres mujeres, varios hijos, una vida a salto de mata, pero progresando adecuadamente en la empresa hasta llegar a dirigirla.

Cuando ya se había cansado de poner bombas, hizo como que se pasaba a la política y el parlamento vasco, ¿cómo no?, lo aceptó en su seno como a un hijo más, puede que algo descarriado, pero ya se sabe que alguien tenía que agitar el árbol para que el PNV pillara las nueces, como dijo aquel gran humanista que fue Xabier Arzalluz.

Como vieron que era buen chico, hasta lo colocaron en la Comisión de Derechos Humanos del parlamento vasco, aunque se hubiese pasado los derechos humanos de sus conciudadanos por el arco de triunfo.

Esa etapa de aparente normalidad se acabó cuando lo pillaron en algún renuncio terrorista y se dio el piro a Francia. Al cabo de un tiempo, fue detenido en Francia y devuelto a España, donde se le dejó en libertad por algún motivo que no alcanzo a entender. Cuando llegó un nuevo renuncio y lo iban a detener, se volvió a fugar a Francia, donde estuvo missing durante diecisiete años. Hasta una nueva detención. España pidió su extradición y parece que ésta se va a conceder, aunque no sabemos cuándo.

Nos acabarán entregando a una ruina humana orgullosísima de sí misma, muy parecida a la que salía en el célebre documental progresista y redentor de Jordi Évole No me llame Ternera.

Y algún día se morirá sin ser consciente del daño que ha hecho, convencido de que hizo lo que había que hacer por Euskadi. Si eso no es una vida de mierda, que baje Dios y lo vea.