A Carmen Machi (Madrid, 1963) le acaba de caer el Premio Nacional de Cinematografía y sus haters (todo el mundo los tiene) se han lanzado a Facebook y demás redes sociales para decir que les parece muy mal y que aquí los premios se los dan a cualquiera.
Realmente, hay gente que no te deja ni disfrutar de los buenos momentos, con lo escasos que son. Yo me he alegrado mucho porque me parece una magnífica actriz, sobre todo en el registro cómico, y porque tuve el placer de conocerla hace unos años, cuando, si no recuerdo mal, se disponía a rodar la película de Isabel Coixet Nieva en Benidorm.
El jefe del gremio de la restauración barcelonés, Roger Pallarols, preparaba un libro de conversaciones entre creadores de Madrid y de Barcelona, y a mí me tocó moderar (sin dejar de comer) la charla entre Carmen e Isabel.
El encuentro tuvo lugar en la barcelonesa Bodega Sepúlveda, unos de los pocos lugares auténticos que se conservan en la ciudad, rendida en general a la tostada de aguacate y demás vituallas para expats y snobs.
A Isabel, dada nuestra larga amistad, me la sabía de memoria. Pero Carmen, a la que solo había visto en una pantalla, fue un feliz descubrimiento, dada su simpatía y sentido del humor. Ojalá todos los encargos de este oficio fueran como éste.
A Carmen Machi le llevó cierto tiempo darse a conocer a nivel nacional. Dado su físico (digamos que no del todo normativo), parecía estar condenada a papeles secundarios, pues ya se sabe que los roles suelen estar reservados a muchachas altas y canónicamente bellas (para entendernos, las admitidas en la Casita de Bad Bunny), aunque no sepan hacer la o con un canuto o solo dispongan de una expresión y media.
Carmen se tiró un montón de años haciendo teatro y sin acceder apenas al negocio audiovisual. Las cosas cambiaron cuando le ofrecieron participar en la serie Siete vidas interpretando el papel de Aida García, una pobre infeliz con complejo de inferioridad y una vida tirando a desastrosa.
Su participación prevista era escasa, pero el inesperado éxito de su personaje hizo que este se convirtiera en uno de los más populares de la serie, llegándose a crear para ella un spinoff titulado, simplemente, Aida.
Me temo que eso es lo que le echan encima sus haters: haberse hecho famosa con una serie de televisión de amplia audiencia (si siguiera confinada en el teatro, les parecería estupenda).
Aida le abrió definitivamente las puertas del cine, llegando a trabajar con una larga lista de directores que va de Almodóvar a Coixet, pasando por Eduardo Casanova (el niño repipi y con pluma de Aida, sobre el que ella bromea cariñosamente diciendo que se crio a sus pechos).
No dejó el teatro, su primera pasión, pero pudo a partir de entonces participar exclusivamente en proyectos que la interpelaran.
No sé si es por el origen italiano de su familia, pero yo, a Carmen, me la imagino siempre en películas de Fellini, Risi o Comencini junto a Gassman, Tognazzi o Mastroianni.
