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La investigación abierta por los Mossos deberá esclarecer todas las circunstancias del incidente ocurrido en una sauna del Eixample y el grado de participación de cada una de las personas implicadas.

Pero hay una cuestión que ya resulta difícil de obviar: expulsar a alguien por exhibir un símbolo asociado a su identidad religiosa constituye una línea que una sociedad democrática no debería cruzar.

Por eso preocupa especialmente que el nombre de Irene Cruz Gómez, profesora de Sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), aparezca vinculado a un episodio que ha generado una inquietud dentro y fuera de España.

Quien dedica su labor académica al estudio de los fenómenos sociales, la convivencia y las dinámicas de exclusión debería ser particularmente consciente de los riesgos de señalar a una persona por aquello que representa o por la comunidad con la que se identifica.

La defensa de una causa política, por legítima que sea, no puede desembocar en la exclusión de personas por su origen, religión o símbolos culturales.

Mucho menos en espacios que se presentan como refugios de diversidad e inclusión. Lo ocurrido deja una imagen preocupante y recuerda que la intolerancia no siempre adopta las formas más evidentes.

En ocasiones también emerge desde ámbitos que se reivindican abiertos, progresistas y comprometidos con los derechos humanos.