Pila verde para Ramon Espadaler
En tiempos marcados por la polarización y los debates identitarios, no siempre resulta habitual encontrar responsables públicos que apuesten por posiciones de consenso.
El conseller de Justícia i Qualitat Democràtica, Ramon Espadaler, lo ha hecho al reivindicar el concepto de “sana laicidad” como marco de relación entre las instituciones públicas y las confesiones religiosas para una sociedad democrática y plural.
Sus palabras durante la inauguración del XII Congreso de Cofradías de Semana Santa de Cataluña, celebrado en Reus este sábado, apuntan a una cuestión de fondo: cómo gestionar la diversidad de creencias en una sociedad moderna sin caer ni en el confesionalismo ni en un laicismo excluyente.
La proximidad de la visita del Papa León XIV a Cataluña ha reabierto un debate recurrente sobre el papel de las administraciones públicas ante los acontecimientos religiosos. Frente a quienes cuestionan la implicación institucional, Espadaler ha defendido una visión serena y equilibrada inspirada en el pensamiento de Benedicto XVI.
Una propuesta que parte de una idea sencilla pero relevante: la separación entre Iglesia y Estado no implica ignorarse mutuamente ni renunciar a espacios de colaboración cuando existe un interés general compartido.
El conseller ha recordado que las confesiones religiosas forman parte de la realidad social y cultural de Cataluña. Su contribución al patrimonio histórico, a la promoción cultural y a la cohesión comunitaria es un hecho difícilmente discutible. Reconocerlo no supone otorgar privilegios, sino asumir una realidad.
Especialmente acertada resulta su defensa de una clara diferenciación de competencias entre política y religión. La “sana laicidad”, tal como la plantea Espadaler, protege a ambas esferas frente a posibles instrumentalizaciones y garantiza la libertad de conciencia de todos los ciudadanos, creyentes o no.
En un momento en que abundan las posiciones maximalistas, la propuesta del conseller destaca por su voluntad de construir puentes. Más que alimentar enfrentamientos estériles, apuesta por una convivencia basada en el respeto, el diálogo y el reconocimiento mutuo.