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Barcelona 'noir'

Si la extraña caída del empresario textil Isak Andic, fundador de la exitosa marca Mango, hubiese tenido lugar en Estados Unidos, ya habríamos leído un largo artículo al respecto en Vanity Fair, donde les ponen mucho las muertes sospechosas en el mundo de los ricos.

Asimismo, alguien habría empezado a escribir un libro al respecto. Pero Barcelona no es Nueva York, y a lo máximo que podemos aspirar es a que Carles Porta elabore uno de sus documentales de True Crime para que lo veamos en TV3 o en alguna plataforma de streaming.

Sé que esto puede sonar frívolo cuando el hijo del difunto, Jonathan, se está jugando una larga estancia en prisión por un crimen que dice no haber cometido, dado que lo de su padre, la caída en la montaña de Montserrat, fue, según él, un accidente.

En estos momentos, nadie, a excepción de Jonathan, sabe lo que pasó aquel día de excursión montserratina. Los Mossos d'Esquadra sospechan de él porque no les cuadra la posibilidad de una caída fortuita.

Jonathan contraataca poniendo verdes a los Mossos y diciendo que su padre tenía cierta tendencia a caerse (aporta un vídeo grabado en Barcelona donde se le ve trastabillando ante la entrada de un edificio).

Familiares y amigos de Andic Jr. no se ponen de acuerdo con respecto a la relación entre padre e hijo. Según unos, se llevaban a matar (sobre todo, desde que el primero le arrebató al segundo la vicepresidencia de la compañía por insatisfacción ante su gestión). Según otros, la relación era excelente. La esposa de Jonathan, mientras tanto, ha cerrado sus cuentas de influencer y no dice ni pío (según las malas lenguas, habría sido sobornada por su marido, pero no hay pruebas concluyentes de la transacción).

Según esas mismas malas lenguas, Jonathan estaría muy cabreado con su padre a causa de la intención de éste de dejar una buena parte de su fortuna a una obra benéfica (o sea, soplándole pasta de la herencia).

Asimismo, Andic Jr. tampoco estaría de acuerdo con la cifra que le habría de caer a la segunda esposa de su padre y madrastra suya.

Si Jonathan Andic es inocente, todo este embrollo no debe estarle haciendo la menor gracia, pero se trata de una de esas historias que contienen todos los elementos necesarios para una crónica negra de alto copete.

Hasta ahora, los barceloneses nos hemos tenido que conformar con el crimen de la Guardia Urbana y su autora demostrada, la tan atractiva como tóxica Rosa Peral, femme fatale de barriada que se ha convertido en la reclusa más conflictiva de Cataluña: ya hemos perdido la cuenta de las veces que la han cambiado de trullo a causa de las tanganas que organiza en cada institución.

Culpable o inocente, Jonathan Andic aporta un glamour que hasta ahora no se veía por ninguna parte. Espero a que se demuestre su inocencia o su culpabilidad. Y luego querré leer un largo artículo al respecto en Vanity Fair, aunque solo salga en la edición española.