Carles Puigdemont quiso deshacerse de Jordi Martí Galbis en Junts como fuera, y mandó a gente de su equipo a negociarle un puesto fuera del Ayuntamiento de Barcelona. Hasta el punto de ultimar su incorporación a Prosegur como responsable de relaciones institucionales en Cataluña, un cargo que finalmente el concejal posconvergente rechazó.
Así lo explica hoy Crónica Global desvelando los detalles de la operación, que estuvo cerca de lograr que el actual líder municipal en Barcelona —que no es del agrado de la cúpula de Junts— dejara vía libre a Josep Rius, también concejal y el hombre que el líder del partido quería para la plaza.
Más allá de esta disputa, que deja ahora un escenario incierto —con unas primarias a la vista y varios aspirantes a ser candidato, aunque con Martí Galbis como favorito—, es relevante ver cómo Puigdemont y su cúpula parecen tener cierto miedo a la democracia interna, pues esto fue lo que inicialmente les movió a maniobrar.
Pese a que es un modus operandi habitual en política, esta historia retrata a un partido desorientado y capaz de buscarle acomodos profesionales a miembros que resultan incómodos.
