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¡Sujétame la pinta!

En mi inocencia, llegué a pensar que nos habíamos librado de Nigel Farage (Farnborough, condado de Kent, 1964) después de que se saliera con la suya y sacara al Reino Unido de la Unión Europea. Satisfecho su anhelo, me dije, ahora se dedicará a lo suyo, que es, por todas las fotos que he visto de él, inflarse a pintas de cerveza en los pubs mientras se queja de que no le dejan fumar.

Evidentemente, me equivoqué, ya que el señor Farage ha seguido activo en política, tanto en casa como en la Unión Europea (alguien tiene que ir a ciscarse en ella en persona) y ahora se ha venido arriba ante las elecciones regionales británicas, en las que está excelentemente situado para hundir en la miseria al laborista Keir Starmer, quien, por cierto, se pinta solo para semejante tarea. Entre Farage y los independentistas escoceses y galeses, nos va a salir un scone como unas hostias.

Como Díaz Ayuso, el señor Farage es de los que ve maricomplejines en todo el espectro conservador, que considera demasiado tolerante con todos esos malditos extranjeros que vienen a cargarse lo inglés, lo nuestro, el macizo de la raza. Da igual que el jefazo de Reform UK tenga antepasados alemanes y franceses (en concreto, hugonotes, como el cómico Ricky Gervais o el líder de Duran Duran, Simon LeBon). Da igual que su segunda esposa, Kirsten Mehr, sea alemana. Todo eso no le impide presentarse como el paladín de lo británico, amenazado, al parecer, por miles de muertos de hambre procedentes de todos los rincones del globo con la única idea en la cabeza de acabar con Britania.

Plantarle cara no le está saliendo muy bien a Keir Starmer. Hace años que el Labour no da pie con bola, y los que pensamos que algo habíamos salido ganando con la sustitución de Jeremy Corbyn, aquel estalinista antisemita de carácter adusto, por el simpático señor Starmer, empezamos a pensar que más bien salimos de Málaga para caer en Malagón. Los tories, por su parte, ya se desprestigiaron hasta el infinito y más allá con el payaso (más siniestro que el Joker de Batman) de Boris Johnson. Y entre unos y otros le han abierto las puertas al traga pintas de Nigel Farage, de la misma manera que Macron, los destartalados socialistas y los energúmenos de Melenchon se lo están poniendo facilito a Marine Le Pen y su querido Jordan Bardella.

Visto lo visto, ¡qué suerte ser español y contar con Pedro Sánchez para que nos proteja del fascismo!, ¿verdad?