Núria Parlon

Núria Parlon Crónica Global

Examen a los protagonistas

Núria Parlon

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En tiempos de política acelerada, de titulares inflamables y de discursos cada vez más extremos, resulta poco habitual encontrar dirigentes que apuesten por la serenidad en mitad de una tormenta. Y precisamente ahí es donde Núria Parlon, consellera de Interior y Seguridad Pública, está marcando perfil propio.

Cataluña vive días de enorme tensión social tras varios episodios violentos relacionados con armas blancas. La preocupación ciudadana es lógica. También la presión política y mediática.

En ese contexto, Parlon ha dado la cara. Lo ha hecho sin minimizar la gravedad de los hechos, condenando con firmeza cada episodio violento, pero evitando caer en la sobreactuación o en recetas simplistas, apostando por la pedagogía y sin caer en la trampa de los titulares más amarillos. Y eso, en el clima actual, no es poca cosa.

Especialmente relevante es su apuesta por la pedagogía y la prevención frente al populismo penal. Porque endurecer penas puede sonar bien en un titular, pero difícilmente resuelve por sí solo un fenómeno complejo que mezcla convivencia, reincidencia, exclusión social y acceso a armas blancas. Recordar esa realidad en mitad de una ola de indignación exige valentía política.

Más aún, cuando los propios datos de los Mossos d'Esquadra apuntan a una reducción de incidentes con armas blancas respecto al año pasado, pese a la fuerte percepción de inseguridad generada por varios casos recientes. Gestionar también significa explicar, contextualizar y evitar que el miedo acabe imponiéndose al análisis.

En una época en la que muchos dirigentes parecen gobernar desde las redes sociales o desde la reacción inmediata, Parlon está ejerciendo algo mucho más difícil: liderazgo institucional. Y eso implica mantener la calma cuando todo alrededor empuja exactamente hacia lo contrario.