En el engranaje siempre complejo de la administración local, hay figuras que, sin ocupar ninguna de las primeras filas, concentran una influencia determinante.
Es el caso de Ramón Díaz-Cano, actual Director del Ámbito de Urbanismo y Transformación de Ciudad del Ayuntamiento de Badalona, cuyo perfil técnico y trayectoria prolongada en el consistorio contrastan con las sombras que proyecta su gestión.
Su carrera se ha forjado durante décadas, sobreviviendo y adaptándose a gobiernos de distinto signo político, entre los que ha tejido una red de equilibrios y lealtades a través del tiempo; su designación como director, tras una modificación de las bases que facilitó su acceso, ya generó incomodidad en determinados sectores internos.
El área que dirige se ha ganado la fama de haberse convertido en un entorno poco transparente, donde la toma de decisiones se percibe como opaca y excesivamente centralizada. Y la salida de varios trabajadores en los últimos años, en circunstancias poco claras, ha contribuido a reforzar esta imagen.
Uno de los puntos más sensibles es la gestión de los informes técnicos. Según coinciden varias voces, Díaz-Cano evitaría firmarlos directamente, delegando esa responsabilidad en su equipo.
La explicación oficiosa apunta a un intento de protegerse tras su paso por los tribunales en 2022, pese a que fue absuelto. Esta cautela puede interpretarse como una forma de diluir responsabilidades en un ámbito donde la seguridad jurídica debería ser incuestionable.
A ello se suma la reiterada acusación de falta de transparencia en concursos públicos y licencias. La percepción de que “siempre ganan los mismos” erosiona la confianza en la institución.
En política municipal, tan importante como la legalidad es la apariencia de imparcialidad, y en este terreno el área de Urbanismo de Badalona parece moverse en una zona gris.
El contexto tampoco ayuda. Informes previos ya alertaban de un modelo de gestión con rasgos clientelares y escasa profesionalización. Lejos de haberse disipado, algunas de esas dinámicas parecen haberse enquistado.
Díaz-Cano, por su posición estratégica, no es el único responsable, pero sí una pieza clave en su perpetuación o corrección.
