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El Aeropuerto de Girona-Costa Brava llega al verano con un equilibrio cada vez más frágil entre su papel como motor turístico y su dependencia de un solo gran operador.

El conflicto entre Aena y Ryanair por las tasas aeroportuarias ya se ha traducido en un recorte del 11% de capacidad, pese a que la aerolínea concentra alrededor del 80% del tráfico.

El CEO del operador de bajo coste, Michael O’Leary, ha sido claro en su estrategia habitual de presión y advierte que, si Aena no ajusta las tarifas, la compañía seguirá reduciendo vuelos, mientras que si hay acuerdo incluso podría basar un avión adicional en Girona y aumentar la capacidad de forma significativa.

Este juego deja al aeropuerto en una posición delicada, especialmente porque el contexto no ayuda con el encarecimiento del combustible presionando aún más los márgenes del sector.

El resultado es un modelo muy eficiente cuando la relación entre ambas partes fluye, pero muy vulnerable cuando se tensa. Por eso los expertos insisten en diversificar la oferta con aerolíneas como Vueling, EasyJet o Wizz Air para reducir la exposición a una sola decisión empresarial. Mientras tanto, el turismo en la Costa Brava sigue creciendo.