Holaluz concluyó en diciembre el año más crítico desde su fundación. Un ejercicio en el que las dificultades financieras hicieron que la posibilidad del preconcurso de acreedores estuviera encima de la mesa en la que se toman las decisiones de la comercializadora energética.
Tras encontrar la salvación en el fondo Icosium, haber cerrado 2025 con un recorte de las pérdidas del 20% y un Ebitda al alza en el segundo semestre, no puede considerarse como un balance catastrófico.
Sin embargo, Holaluz no ha dejado atrás los problemas. Y éstos no son precisamente residuales. Aunque menores que en 2024, los números rojos han vuelto a reinar en su cuenta de resultados. La acumulación de resultados negativos se suma a un fondo de maniobra con el mismo signo, que complica la asunción de compromisos a corto plazo y el cumplimiento de las obligaciones financieras.
Una circunstancia que no ha pasado desapercibida para los auditores. Un año más, éstos han arrojado dudas sobre la viabilidad de la empresa. También han expresado una opinión con salvedades por la forma de consignar una deuda condicionada a unos compromisos que Holaluz no ha sido capaz de cumplir.
Demasiadas sombras aún en el horizonte de una empresa en la que sus fundadores perdieron su posición como primeros accionistas tras la reestructuración financiera. La suma de sus participaciones es inferior a la de Icosium que, no obstante, ha mantenido la confianza en Carlota Pi como consejera delegada. Un aval que, a buen seguro, no será eterno. Y menos si los números no empiezan a jugar a favor de la ejecutiva.
