Incluso cuando aún restaban años para su retirada como futbolista, la faceta emprendedora de Gerard Piqué comenzó a llamar la atención de propios y extraños al mundo de los negocios. Al margen de la agencia de organización de eventos Kosmos, sin duda su gran apuesta, el emblemático central del FC Barcelona ha combinado algún que otro éxito con estrepitosos fracasos.
El último episodio ha sido el de Ágora, un proyecto que no partió de su factoría, pero en el que representó el papel de inversor. Un desempeño en el que tampoco le ha terminado de sonreír la fortuna. En este caso, la idea, basada en una aplicación para que fotógrafos profesionales encontraran mercado para sus trabajos sin necesidad de agencias ni intermediarios, ha sido capaz de engullir, en menos de diez años, más de 8,5 millones de euros aportados por los socios. Entre ellos, el propio Piqué.
A este final abrupto, en forma de concurso de acreedores sin apenas masa activa, cabe sumar los batacazos en el muy competitivo segmento de los videojuegos. Y también, en el nuevo formato de Copa Davis promovido por Kosmos, que ha derivado en un considerable fiasco.
En ningún caso puede negarse a Piqué un espíritu emprendedor que apenas se da entre los deportistas de élite. Mucho más sencillo sería para él disfrutar sin más del patrimonio acumulado en su etapa de deportista de máximo nivel. Es de valorar su iniciativa por generar riqueza y puestos de trabajo. Sin embargo, una ya larga lista de fallas pone en tela de juicio que cuente con el olfato necesario para detectar buenas oportunidades.
