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Gustavo Petro regresa a Barcelona casi una década después de haber participado, de forma entusiasta, como "observador internacional" del referéndum ilegal y unilateral de secesión de Cataluña del 1 de octubre de 2017.

El exmiembro de la organización terrorista Movimiento 19 de Abril, hoy al frente de la presidencia de Colombia, participa en la cumbre Global Progressive Mobilisation, que este fin de semana reúne en Barcelona a destacados dirigentes de la izquierda y el populismo internacional.

Nada más llegar a la capital catalana, Petro ya ha dado muestra de su vehemencia y de sus habituales salidas de tono. Por ejemplo, faltando el respeto a la oposición de Venezuela, acusando a "la derecha" de dicho país —sumido durante años en una opresiva dictadura bolivariana— de "no ser democrática", y a su líder, la premio Nobel de la Paz María Corina Machado, de moverse "por una especie de vendetta política".

La mezquina y cruel reflexión de Petro está a la altura de su actitud durante el procés cuando, en plena jornada del 1-O, compadreaba con los dirigentes secesionistas e intentaba hacer creer que España era una dictadura, fantaseando incluso en sus redes sociales con la posibilidad de que el país se sumiera "en una nueva Guerra Civil". Una ruindad, y una forma de ver el mundo que, al mismo tiempo, deja en evidencia —y en muy mal lugar— su concepto de la democracia.