El ilusionista y empresario Antonio Díaz, conocido como el Mago Pop, continúa su ambiciosa expansión inmobiliaria con la futura adquisición del edificio del histórico Jove Teatre Regina de Barcelona. Sin embargo, la gestión de los tiempos y las formas en esta nueva operación empresarial han dejado bastante que desear.
Aunque el equipo del artista emitió un comunicado asegurando tener voluntad para facilitar un "cierre ordenado" e incluso ceder la sala para funciones escolares, la actual gestora del espacio se tuvo que enterar de estas buenas intenciones a través de la prensa. Esta evidente falta de comunicación directa en las mesas de negociación previas ha generado una angustia innecesaria en una compañía de origen familiar.
A esto se le suma la manifiesta frialdad de los actuales dueños del inmueble y un baile de fechas que mantiene en vilo el cierre de la temporada. Mientras los arrendatarios necesitan margen hasta agosto para finalizar sus talleres y vaciar el local, la exigencia inicial de desalojar las instalaciones a finales de mayo dinamita cualquier posibilidad de un adiós digno.
Nadie discute que se trata de una operación estrictamente privada y legal, pero cuando hay patrimonio cultural e histórico en juego, se exige un mayor nivel de empatía. El Mago Pop aún está a tiempo de corregir el rumbo y demostrar que su modelo de negocio teatral también cuida las formas con los profesionales que llevan décadas levantando el telón.
