Oriol Junqueras movió ayer ficha para votar en el Congreso de los Diputados el consorcio de inversiones pactado con el Govern, uno de los compromisos pendientes que dejaron para verano la aprobación de los presupuestos de 2026.
Se trata de un cambio normativo que permitirá a la Generalitat acumular las partidas presupuestadas en las cuentas estatales que finalmente no se ejecuten, acabando así con el "déficit de inversiones" que tantos años ha denunciado principalmente el independentismo.
El líder de ERC, que sabe que necesita los votos de Junts, reunió ayer a las patronales catalanas para que presionen a los de Carles Puigdemont. Y el asunto llegará al Congreso, según aseguró, a finales de este mes.
Si todo sale bien, será un buen tanto de cara a la estabilidad de la legislatura catalana.
Pero, si decae, también podría ser una excusa para que Junqueras fuerce elecciones en verano, faltando a su compromiso de desligar las negociaciones con el Govern de cuestiones que, como esta, no dependan en exclusiva de Palau.
Es lo que tiene un partido, y especialmente un líder, acostumbrado a los cálculos.
Alguien muy criticado por buena parte de los suyos, que ha conseguido recuperar el poder, y que recuerda demasiado a menudo que ha estado en la cárcel. Y que, a su modo de ver, se merece una oportunidad de ser el presidente de la Generalitat.
