La vuelta a la normalidad se acerca y, con ella, la negociación entre ERC y el Govern de Salvador Illa para los presupuestos de la Generalitat, que ambas partes se emplazaron a tratar de aprobar antes de que termine el actual período de sesiones. El acuerdo debería llegar, como muy tarde, a principios del mes de junio. Y parece que así acabará sucediendo.
El quid de la cuestión es cómo de despejado queda el camino, ahora que María Jesús Montero ya no está, para que en las distintas reuniones para pactar las cuentas se hable sólo de las cuentas y no del traspaso del IRPF --que fue lo que llevó al Ejecutivo socialista a retirar los presupuestos hace tres semanas-- u otros "espacios de soberanía", que dependen de Madrid.
Cada uno opina una cosa, siempre con el objetivo de presionar al otro. Pero parece que Oriol Junqueras no tiene claro qué podría suceder si no logra un acuerdo con el Govern, más allá de la pérdida de recursos que esto supondría. Como explicaba Crónica Global este domingo, el escenario tras unas hipotéticas elecciones sería demoledor para el partido republicano.
También para los socialistas, para todo el bloque de la izquierda en general, y para Junts. La ultraderecha podría alcanzar los 35 escaños y bloquear cualquier entendimiento entre los partidos históricamente de gobierno, dejando un Parlament más fragmentado que nunca y una Cataluña absolutamente ingobernable. Haría bien el líder de ERC en entender que lo que hacen falta son certezas y no cantos de sirena imposibles, y para ello la Generalitat --que no es solo el Govern, sino toda la administración-- necesita más y mejores condiciones.
