El presidente del grupo cosmético Puig presenta hoy un riesgo de dispersión en la gestión de los intereses familiares. Aunque el refuerzo y la profesionalización de la histórica textil Guasch es una noticia positiva para el patrimonio del clan, Marc Puig no debería perder de vista que el verdadero tablero donde se juega el futuro del apellido es la negociación con Estée Lauder.
En un momento crítico, con una fusión de 35.000 millones de euros sobre la mesa que decidirá si el imperio mantiene su esencia o se diluye en un gigante estadounidense, el foco del presidente debe ser absoluto.
Priorizar la reestructuración de ramas secundarias del negocio familiar puede enviar una señal de distracción al mercado. Los Puig deben centrarse en lo importante: asegurar el destino de su buque insignia y garantizar que la operación con los americanos no acabe engullendo el legado que les ha hecho líderes mundiales.
