Matthieu Liard, empresario
El proyecto de reconversión del Autódromo de Terramar en un complejo hípico, hotelero y, por supuesto, de motor, es de una envergadura sin igual.
Los impulsores del trazado de Sant Pere de Ribes, junto a Sitges, han ideado un polo de ocio único en Europa. La iniciativa es necesaria, y los inversores disponen de los fondos y del apoyo político.
Eso sí, la desaparición inesperada de uno de sus impulsores, el empresario Carles Vilarrubí, añade algo de sombra a la actuación.
Para tratar de despejarla, Grand Prix ha acudido al Tribunal Supremo con el fin de reactivar el plan urbanístico, que derribó el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.
Pero los que han ideado la ciudad equino-automovilística deberán hacer más cosas. Convencer a la justicia de que el armazón urbanístico es legal, a la sociedad de que es necesario, y al empresariado regional de que su visión es estratégica para Cataluña.