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El caso de una vivienda de Guadalajara maltrecha por las filtraciones de agua tras 300 días de partes y reparaciones infructuosas efectuadas con Kutxabank Seguros evidencia, una vez más, la vulnerabilidad del consumidor ante según qué actuaciones de las aseguradoras.

Lo que empezó con unas pequeñas manchas de humedad se acabó transformando en una pesadilla para el matrimonio residente en la casa: techos caídos, suelos horadados por obras que intentaban buscar —sin éxito— el origen del problema, y paredes cubiertas de moho.

Que, además de eso, el asegurado haya sufrido un infarto durante el proceso —al cual éste atribuye parte de la culpa— aún empeora el panorama de su denuncia, que relata con detalle a Consumidor Global. Y, también, que haya tenido que recurrir a un albañil por su cuenta, y pagando de su bolsillo, para acabar reparando la fuga con éxito. No así los desperfectos causados, que continúan pendientes de arreglar.

Ante la gravedad del caso, Kutxabank Seguros trata de justificar su ineficacia aduciendo las dificultades de hallar la procedencia del agua en sus decenas de actuaciones; se remite a las cláusulas del contrato en lo referente a los daños no arreglados; y sostiene que el expediente sigue bajo estudio y seguimiento para dar una solución al cliente. Solución que éste todavía espera, tras un año de infortunios.