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El Hospital de Mataró, cabecera del Consorci Sanitari del Maresme (CSdM), ha logrado atajar una rebelión de médicos. La ciudad asistencial ha conseguido que no se detenga la actividad extraordinaria, pese a que los galenos pedían mejorar el precio de cada acto médico.

Eso sí, el complejo médico afronta otro problema --relacionado con el anterior-- de mucho peor pronóstico: el déficit. El Consorcio cerró en negativo en 2025, y seguía en rojo a finales de febrero.

Es cierto que ello es una herencia del pasado, puesto que Mataró engrosó su tamaño durante años para intentar competir con Can Ruti, en Badalona. Pero el gerente actual, Rafael Lledó, tiene la inquietante tarea de poner orden a las cuentas. Y deberá hacerlo entre el malestar del personal.

Se antoja un curso complicado para el directivo, que debe hallar el equilibrio entre dos situaciones: la remuneración adecuada de sus profesionales, sobre todo médicos, con la necesidad de no gastar más de lo que tiene. Toda una papeleta.