Ya he tenido bastante, gracias
Hace un par de días, Noelia Castillo, de 25 años de edad, consiguió que se le aplicara la eutanasia que llevaba suplicando casi dos años. No ha sido la suya una vida fácil ni agradable.
Diagnosticada de trastorno límite de personalidad y con acusadas tendencias maníaco-depresivas, no tuvo suerte con sus padres, que se divorciaron cuando ella tenía trece años y, sintiéndose incapaces de cuidar de ella, se la confiaron a la administración, donde no encontró precisamente un hogar. Sufrió una violación y luego otra, múltiple esta vez, tras la que intentó suicidarse arrojándose desde un quinto piso. No lo logró y se quedó parapléjica.
Cansada de la vida que le había tocado, pidió que se le aplicara la eutanasia, pero ahí entró en acción su padre (el que la dejaba en la puerta del bar cuando era pequeña mientras se cocía en el interior), quien, aconsejado por Abogados Cristianos, especialistas en meterse donde no los llaman, se opuso a la decisión de su hija, alargando la anhelada desaparición hasta hace un par de días, cuando por fin se llevó a cabo.
En el periódico digital de Ignacio Escolar, El diario.es, titularon la noticia de la peor manera posible, aunque más o menos predecible en el medio que se propuso amargarle la vida a Julio Iglesias y se encontró con que el tiro les había salido por la culata. La conclusión de El Diario era que la pobre Noelia les había ganado la batalla a unos leguleyos reaccionarios, cuando la muchacha no había ganado nada en toda su vida y lo único que, finalmente, le había salido bien era morirse. Me hubiese gustado más un titular que incidiera en que la sociedad le falló a Noelia, empezando por sus padres, siguiendo con sus problemas mentales y acabando con las desgracias en forma de violación que se cebaron con ella. No encontró comprensión, ni amor, ni nada de lo que sirve para soportar la existencia.
No se trata de fabricar una historia de buenos y malos: un hijo con problemas mentales no es la alegría de la huerta y te puede amargar la vida cosa seria. Pero es un riesgo que todo progenitor debería estar preparado para asumir. Tal vez el problema esté en que no hace falta aprobar ningún examen para tener hijos y que la posibilidad esté al alcance de todo el mundo que carezca de la más mínima autocrítica. No sé si el problema con el alcohol del padre de Noelia es anterior o posterior al nacimiento de la niña, pero llevarse copas a una cría con problemas mentales no parece una idea especialmente feliz. No contento con eso, nuestro hombre entorpeció todo lo que pudo las ansias de desaparición de su hija.
A falta de padres, hubo que recurrir a las residencias para menores, donde todo parece indicar que tampoco se hicieron las cosas demasiado bien. Luego, las violaciones. Y así hasta llegar a un punto de no retorno en el que la víctima de tantas desgracias no ve otra salida a su situación que no sea la muerte. Dada la eficacia de familia e instituciones, se habría agradecido que nadie siguiera el famoso consejo: “Si no sabe cómo ayudar, moleste: lo importante es participar”.
El cóctel de enfermedad mental, irresponsabilidad paterna e ineficacia de la administración ha llevado a Noelia a la muerte. Todo lo que podía fallar ha fallado. Dejemos para El Diario la conclusión de que Noelia le ha ganado un pulso al fascismo y confiemos en que Julio Iglesias se los lleve por delante. Aunque no soportemos a Julio Iglesias.
