Joan Laporta, celebrando su victoria en las elecciones del Barça

Joan Laporta, celebrando su victoria en las elecciones del Barça

Examen a los protagonistas

Joan Laporta

Llegir en Català
Publicada

El rey del fútbol

Hay en Cataluña quien considera al (en apariencia) presidente eterno del Barça, Joan (alias Jan) Laporta (Barcelona, 1962) un héroe al que admirar por echao p'alante, por hablar claro, por ser tirando a desagradable y chulesco con sus adversarios, por ser independentista (de boquilla: se moriría de asco sin el Real Madrid), y por echarle huevos a la vida, algo de lo que sus fans reconocen que no están muy capacitados para ello. Yo más bien creo que Laporta es la versión catalana de José Luis Torrente.

Reconozco que ha hecho esfuerzos para dejar de serlo pero, como decía Rubén Blades en Pedro Navaja, “si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos”. Es cierto que últimamente (a la manera de Gabriel Rufián, que pasó de gañán parlamentario a estadista aspiracional), se modera más que antes (a cambio, ha echado una tripa considerable), pero no sé hasta qué punto ello ha contribuido a mejorar al personaje. Para mí, que el fútbol me aburre lo más grande y solo he disfrutado del entorno del Barça cuando lo dominaba aquella gran pareja cómica formada por Núñez y Cruyff, lo ha empeorado, ya que ahora Laporta es la mitad de divertido que cuando montaba aquellos numeritos sensacionales: bajarse los pantalones en el aeropuerto para protestar por las demoras de la seguridad, tirarse champagne (nada de cava, que eso es para los cutres) por la cabeza cuando ganaba su equipo, fumar purazos en la cubierta de un yate rodeado de señoritas en bikini…

En aquellos tiempos, Laporta estaba entre Torrente y José Luis Gil y Gil, habiéndose fabricado un personaje un pelín costroso, pero de una indudable eficacia cómica. Luego, alguien debió aconsejarle (mal: que lo despidan) que moderara un tanto su tendencia al exceso y tratara de comportarse como una persona más o menos normal (igual fue el mismo que aconsejó a Rufián). Yo creo que, aunque no lo digan, sus fans actuales preferían al Laporta de antes que, en cuanto salía por televisión, dejabas de hacer lo que estuvieras haciendo y te clavabas al aparato.

En ambas fases, eso sí, la gestión financiera del club ha estado siempre sometida a cierto escrutinio desconfiado, dada su tendencia a tirar el estadio por la ventana cuando las cosas van bien y a optar por la opacidad cuando no van tan bien. Hace unos años se vendió una serie de chollos derivados del fútbol que sonaban un poco a pan para hoy y hambre para mañana, pero aún no se han visto las consecuencias de tanta venta.

Lo que sí es innegable es que nuestro hombre se ha convertido en el presi del Barça más carismático desde Núñez, con el que tanto se había reído uno. Por eso le rogaría que volviese a sus raíces, al yate y los calzoncillos, a los puros y el espumoso, a las permanentes salidas de pata de banco y a todo lo que, en definitiva, lo hizo tan grande como a Torrente.