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Pedro Ferrer ha culminado el último capítulo de la historia familiar de Freixenet. El directivo ha acordado la venta del 50% que aún conservaba la familia a la empresa alemana Henkell, que pasa a controlar el 100% de la histórica productora de cava catalán. Freixenet es responsable, junto a Codorníu, de más de la mitad de las ventas de la D.O. Cava. 

Aunque en términos prácticos la operación no implica grandes cambios, dado que Henkell ya ejercía el control efectivo de la gestión, el impacto simbólico es considerable.

Cataluña, que en otro tiempo fue punta de lanza del dinamismo empresarial español, ve cómo su tejido productivo pierde progresivamente grandes referentes. Que sea precisamente el cava —un emblema económico y cultural— el que pase ahora a manos extranjeras refuerza la percepción de un declive de la histórica burguesía catalana y de su papel como motor empresarial.