El presidente del Puerto de Barcelona, José Alberto Carbonell, afronta como gran reto inminente la rehabilitación de las naves del muelle de Sant Bertran.
El proyecto, que transformará los antiguos tinglados en el futuro BlueTechPort --un esperado centro de investigación en economía azul-- debe resolver la retirada del siempre aparatoso amianto, un material cancerígeno prohibido desde 2002 pero ampliamente utilizado hasta entonces.
Aunque la autoridad portuaria insiste en que la presencia de amianto estaba prevista y controlada, su gestión requiere máxima transparencia, seguimiento y diligencia en un proyecto que pretendía aprovechar la mayor infraestructura posible en aras de la sostenibilidad.
La inversión de más de 50 millones y la presencia de residuos peligrosos exigen extremar las medidas de seguridad y comunicación pública.
Un inconveniente que marca el aterrizaje del hub, que ya nace lastrado por la negativa a los impulsores de levantar allí un co-living para dar vivienda al talento atraído por el proyecto en una ciudad con tan poca oferta residencial como la capital catalana.
